Conoces a muchas personas al largo de la vida. La mayoría llegan en ella con el fin de irse, otras en cambio, deciden quedarse. A ella la clasificaría en la segunda opción.
Es de esas personas que cuando están presentes, se nota, pero que cuando no lo están, se nota aún más. Aunque no la vea cada día, ni cada mes, ni cada dos meses, su presencia se nota en mí. Cuando ella está conmigo todo es diferente, todo mejora. Las cosas están en su lugar y siempre que veo un mensaje suyo en la pantalla de mi móvil, logra hacerme sonreír. Es de las pocas personas que me da su punto de vista más sincero.
Es una chica especial, de esas que no ves cada día.
Pero bien, cuando ella no está, cuando no da señales de vida, cuando no me tiene en cuenta en su vida... Es entonces cuando la echo de menos, pero de verdad.
Ella es una persona feliz, con una sonrisa preciosa. Y cuando está triste y ausente, es como si yo también lo estuviera. Por qué cuando a ella le pasa algo, por muy lejos que estemos, a mí también me pasa.
Yo no puedo saber que está mal y no hacer nada, pero una cosa está clara, no soy mágica. No soy adivina. Y no le veo la cara a través de los mensajes. Necesito que se exprese conmigo y que me diga lo que le pasa. Entonces así, yo podré ayudarla y estar allí siempre que me necesite.
Por que te quiero, pequeña.
Y haría por ti lo imposible.
