Hoy, después de tanto y tanto tiempo sin él, le veo. Y no solo de lejos, veo que se acerca a mí, mirándome. Y yo, asustada, ¿qué hago? Cojo y me pongo a mirar la pantalla de mi móvil, pensando que pasará de largo y que ni se ha fijado en que estoy allí. Pero levanto la vista al frente y ahí está, parado, a medio metro de mí y mirándome como nunca lo había hecho.
-Hola. -me suelta.
-Hola -le respondo yo con una voz casi transparente.
Cuatro minutos. Cuatro intensos minutos de conversación y de silencios incómodos. Cuatro minutos con un final dulce. Su mejilla en mis labios. Esa mejilla tan suave la cual cinco meses atrás acariciaba y arrugaba.
Él se va después de besarme y me pongo a llorar.
Por qué aunque no lo admita, todavía le quiero como el primer día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario