martes, 30 de abril de 2013


Just give me a reason 

Just a little bit's enough 
Just a second, we're not broken just bent 
And we can learn to love again
I never stopped 
It's still written in the scars on my heart 
You're not broken just bent 
And we can learn to love again




lunes, 29 de abril de 2013

Conoces a muchas personas al largo de la vida. La mayoría llegan en ella con el fin de irse, otras en cambio, deciden quedarse. A ella la clasificaría en la segunda opción. 



Es de esas personas que cuando están presentes, se nota, pero que cuando no lo están, se nota aún más. Aunque no la vea cada día, ni cada mes, ni cada dos meses, su presencia se nota en mí. Cuando ella está conmigo todo es diferente, todo mejora. Las cosas están en su lugar y siempre que veo un mensaje suyo en la pantalla de mi móvil, logra hacerme sonreír. Es de las pocas personas que me da su punto de vista más sincero. 


Es una chica especial, de esas que no ves cada día. 


Pero bien, cuando ella no está, cuando no da señales de vida, cuando no me tiene en cuenta en su vida... Es entonces cuando la echo de menos, pero de verdad. 

Ella es una persona feliz, con una sonrisa preciosa. Y cuando está triste y ausente, es como si yo también lo estuviera. Por qué cuando a ella le pasa algo, por muy lejos que estemos, a mí también me pasa

Yo no puedo saber que está mal y no hacer nada, pero una cosa está clara, no soy mágica. No soy adivina. Y no le veo la cara a través de los mensajes. Necesito que se exprese conmigo y que me diga lo que le pasa. Entonces así, yo podré ayudarla y estar allí siempre que me necesite. 


Por que te quiero, pequeña.
Y haría por ti lo imposible. 
Hoy, después de tanto y tanto tiempo sin él, le veo. Y no solo de lejos, veo que se acerca a mí, mirándome. Y yo, asustada, ¿qué hago? Cojo y me pongo a mirar la pantalla de mi móvil, pensando que pasará de largo y que ni se ha fijado en que estoy allí. Pero levanto la vista al frente y ahí está, parado, a medio metro de mí y mirándome como nunca lo había hecho. 
-Hola. -me suelta. 
-Hola -le respondo yo con una voz casi transparente.
Cuatro minutos. Cuatro intensos minutos de conversación y de silencios incómodos. Cuatro minutos con un final dulce. Su mejilla en mis labios. Esa mejilla tan suave la cual cinco meses atrás acariciaba y arrugaba. 

Él se va después de besarme y me pongo a llorar. 
Por qué aunque no lo admita, todavía le quiero como el primer día. 


domingo, 28 de abril de 2013

 Después de pasar tanto tiempo junto a él, llega. Llega el momento de decirle adiós. Y esta vez no es un "hasta luego", esta vez es algo más serio. Es un puto "adiós" como una catedral de grande. Es un adiós de los de verdad, parecido a un "hasta nunca". 
Aquí nuestros caminos se separan y nuestras vidas se dividen. Aunque busque por todas las tiendas del mundo, nunca encontraré un pegamento tan fuerte que logre engancharme otra vez a él. 
Y es por eso por lo que debo aprender a verle con contra. Debo entender que ya no es mío y que jamás volverá a serlo. Ya no tengo el mismo derecho a llamarle siempre que quiera. Debo olvidarle para ser feliz y aprender que nuestra historia ha dejado de ser nuestra. Debo y puedo hacerlo, coño. 


Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos… Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella. Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo… Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando. Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más... Todos sabéis de que estoy hablando, porque mientras estabáis leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza. Os libraréis de él o ella, dejaréis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz (la sustituireis por la calma), pero os aseguro que no pasará un dia en que deseéis que estuviera ahí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía disutiendo con alguien a quien quieres, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

Son muchos meses los perdidos. Muchas sonrisas borradas y eliminadas por las lágrimas. 
Eres como una máscara, tienes dos facetas: la de cariñoso y la de cabronazo. No me daba cuenta de tu segunda faceta hasta que me la enseñaste por todo lo alto. 
Y ¿sabes? Al menos ahora sé como eres de verdad. Y sé que todos, o casi todos, sois así. 
Gracias a este dolor que tengo en el pecho he conseguido aprender que no debo confiar en nadie, solo en mí misma, y lo mínimo. 
Por qué si algo he aprendido de ti, es que las personas te la clavan cuando no miras. Y gracias a eso, no dejaré de mirar nunca.