Después de pasar tanto tiempo junto a él, llega. Llega el momento de decirle adiós. Y esta vez no es un "hasta luego", esta vez es algo más serio. Es un puto "adiós" como una catedral de grande. Es un adiós de los de verdad, parecido a un "hasta nunca".
Aquí nuestros caminos se separan y nuestras vidas se dividen. Aunque busque por todas las tiendas del mundo, nunca encontraré un pegamento tan fuerte que logre engancharme otra vez a él.
Y es por eso por lo que debo aprender a verle con contra. Debo entender que ya no es mío y que jamás volverá a serlo. Ya no tengo el mismo derecho a llamarle siempre que quiera. Debo olvidarle para ser feliz y aprender que nuestra historia ha dejado de ser nuestra. Debo y puedo hacerlo, coño.
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